Muerte y funerales de Caín

En 1947, David Álfaro Siqueiros presentó Muerte y funerales de Caín en una exposición en el Palacio de Bellas Artes. A pesar de que la muerte fue una constante en la obra de este artista mexicano, aquí llama la atención lo atípico de la escena. Aunque temporalmente, Caín en los Estados Unidos pertenece al mismo período (y muestra el vocabulario conceptual  del muralismo: cuerpos torturados, sufrimiento, nacionalismo), Muerte y funerales de Caín es una obra muy diferente. Hay cierta ilegibilidad en la articulación de los distintos elementos que conforman el cuadro: un paisaje inerme, un grupo de plañideras, tres grupos de manifestantes con banderas de huelga y, como centro, un descomunal pollo sacrificado. Algunos han querido ver una crítica al imperialismo estadounidense. Sin embargo, no es la tematización ideológica en este cuadro, que pertenece a la colección del Museo de Arte Carrillo Gil, lo que más llama la atención, sino las hordas, nutridas, desarticuladas, el cuerpo plural y confuso, que rinde tributo a una interrogación. Tal vez fueron esas mismas masas, des-individualizadas, problemáticas, desclasadas, las que dieron muerte a una época marcada por la conciencia de lo autónomo y lo distintivo. ¿Aún hay alguien que pueda decir legítimamente que sigue siendo singular y diferente? La arbitrariedad de lo múltiple ha sido sembrada. Aquí va un pollito bíblico.

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